lunes, octubre 25, 2010

La Lucha

Hoy venía reflexionando en el metro acerca de las peleas. Me refiero a las peleas físicas, llenas de sudor, mala leche y ganas de terminar con el otro. Y de lo poco que tiene que ver una pelea en la vida real con las que se muestran en la televisión/inet/realidad-secundaria-a-elección.

No hay que llevarse a engaño. Las peleas en la vida real casi nunca son en buena lid. Pocas veces son de uno contra uno en igualdad de condiciones y precedidas de un saludo, salvo de los gimnasios y los dojos. Son son "estéticas" ni obedecen a una coreografía en el 99% de las ocasiones. Por el contrario, suelen ser algo sucio y torpe, más similar a las peleas de animales que vemos en los documentales de la 2.
No recuerdo quién fue aquel que dijo algo similar a que una pelea con armas es lo que distingue una pelea entre humanos de una entre bestias, aunque creo que puedo seguir una linea de pensamiento que desemboca en esa sentencia. A fin de cuentas las armas lo que hacen es sustituir el poco estético forcejeo cuerpo a cuerpo por otra estrategia, la cual suele estar supeditada a un código de conducta cuando se lucha. Sin embargo pelear sin armas y sin reglas tiene un extraño atractivo, atractivo que no sino la sombra o el reflejo platónico que muestra una luz más antigua que las palabras y que el ser humano.

Leyendo el magnífico libro de Chuck Palahniuk llamado El Club de la Lucha pensaba precisamente en la necesidad que tenemos los seres humanos de sacar de vez en cuando esa "bestia" que todos llevamos dentro a dar un paseo. Parafraseando al maestro Yoda, esa ira, ese odio, esa agresividad. Pero en el Club de la Lucha no importa ganar o perder, lo importante es luchar, sin más. Sacar a ese engendro de su jaula y darle vía libre para que durante el tiempo en que se lucha asuma la forma más pura posible. Recomiendo encarecidamente la lectura de este por otro lado perturbador libro. Es excelente y clarificador.

Precisamente es el valor de la contienda por la contienda sobre lo que me quiero detener. No hay preguntas, no hay victoria ni derrota, no hay dudas ni incertidumbres. No hay una lucha del bien contra el mal, de la justicia contra la injusticia, de un héroe contra un monstruo. Simplemente está la lucha, energética y vibrante, toda ella una. Solamente la lucha.

Escribí hace tiempo una entrada sobre los héroes y sobre su lucha. No la busco porque no tengo ganas, pero el resumen de la misma venía a ser este: que los héroes no son solamente aquellos que salen victoriosos contra un dragón, sino que también son los esforzados figurantes que, día tras día, hora tras hora, consiguen victorias comparativamente pequeñas, pequeños pasos hacia el destino incierto que espera allá delante. Que esos héroes tal vez echarán la vista atrás y verán todos y cada uno de esos pasos, y sabrán valorarlos como un buen arquitecto valora todas las partes de su edificio. Que, en definitiva, los héroes son personas normales que tienen la voluntad suficiente como para forjarse a sí mismos.
Vencer miedos, escalar muros, hollar cumbres, caminar trabajosamente el camino hacia el Monte del Destino de cada cual. Cada victoria y cada derrota son un martillazo en el crisol del corazón humano.

La Lucha es el fuego de esa forja, y cada cual debe encontrar el caminio para alumbrarlo, para encenderlo, para quemarse y reforjarse en él. De hacerse uno con él.

Basta por hoy.

jueves, septiembre 23, 2010

Tres décadas... más uno

Dos horas y media quedan. En realidad quedan algunas más pero es convención que sea a las doce de la noche.

Un pacharán, tal vez dos, guitarra y tal vez una pipa de agua. Inventario hecho. Este es simplemente un día más. Hay que seguir. Adelante pues.

miércoles, septiembre 22, 2010

Rol en la Tierra Media

Desde que cayó en mis manos la segunda edición del clásico MERP (Middle Earth Role Playing) de Ice Crown Enterprises hace ya casi una década, he tenido un sentimiento ambivalente con respecto al rol en el mundo de Tolkien. Cuando probé el sistema Rolemaster, también de ICE, esa opinión se ahondó bastante (a fin de cuentas el sistema MERP no es sino un Rolemaster sencillo).

No nos engañemos, montar una buena partida en la Tierra Media no es fácil. Para empezar porque los fans de Tolkien somos en general muy tontos a la hora de criticar el trabajo ajeno en materia de ambientación, todo ello sabiendo que nosotros no lo haríamos mejor. A título personal debo reconocer que tengo el listón muy alto porque si yo dirigiera querría que mis jugadores me exigiesen ese baremo. Un segundo factor es que los personajes y sus relaciones interpersonales en el Señor de los Anillos obedecen a unos principios bastante rígidos de conducta, fruto sin duda de que el profesor Tolkien era inglés, para empezar, y conservador para seguir. Tenía muy claro cómo y de qué manera tenían que funcionar las cosas en su mundo. Como ejemplos: el sexo es virtualmente inexistente; la clase nobiliaria resulta que contra todo pronóstico (y en contra del mundo real) tiene un caracter noble, las relaciones sociales están basadas en el concepto señor-vasallo (con la notable excepción de los Hobbits) y, en general, los miembros de las diversas razas tienen bastante claro su lugar en el mundo y el que ocupan el resto de razas (de nuevo los Hobbits son la excepción). Adicionalmente la investigación y el progreso se frenan llegado cierto grado (más allá del cual sólo llegan las artes oscuras), y los reinos no tienen revoluciones sociales de ninguna clase. De hecho son ajenos a ese concepto porque el gobernante lo es por mérito, virtudes y nobleza propios (a pesar de que el poder es hereditario). Hay excepciones a esto (la Guerra entre Parientes en Gondor, la guerra civil de Arnor y la división del Reino del Norte en tres partes, el cisma entre Fieles y Hombres del Rey en Númenor, las guerras civiles entre familias de Enanos, el Éxodo de los Noldor de Valinor y la locura de Fëanor, etc) pero en general las cosas se quedan como están y el poder está en manos de los que debe estar.

Todo esto, y otras cosas, son como un cinturón (demasiado) apretado en la cintura de los que intentan introducirse en ese mundo magnífico para montar y protagonizar aventuras, si aspiran a jugar en la Tierra Media. La gente de ICE debió ver esto y decidió que lo más viable era aflojar este hipotético cinturón en aras de la jugabilidad. Tenían razón desde luego, pues el MERP es excelente y ha sido un referente durante muchos años. El problema es... que no es en la Tierra Media. En ese juego un mago o un animista de nivel alto pueden con Sauron y Saruman a la vez y con una mano atada a la espalda y los guerreros de similar nivel se meriendan Balrogs para desayunar; a pesar de la vasta labor de documentación (e invención, que también tiene mérito) llevada a cabo por los autores, leer MERP da la sensación de que el mundo es simplemente el telón de fondo para un juego de fantasía genérico, lleno de dragones, mazmorras repletas de monstruos y tesoros, y peleas de taberna; de que es un sistema donde un personaje escoge raza como quien escoge el color del pelo, y que incentiva la creación de personajes de combo (necesaria por otro lado si uno empieza en nivel 1, nivel en el que pelearse por ejemplo con un burro genérico es una mala idea, porque un guerrero de nivel 1 pierde contra el burro). Esto, insisto, no es malo, pero a mí siempre me ha dejado con la sensación de que el juego, bueno en cuanto a sistema, se quedaba corto en cuanto a ambientación. Éste es es el ambivalente sentimiento que comentaba con respecto a MERP.

Rolemaster es todo esto, pero con diez veces más tablas.

Con este saludable background me he lanzado a la piscina y el caso es que estoy preparando una crónica para jugar en el año 1408 de la Tercera Edad. Aún no he decidido el sistema pero no va a ser ni MERP ni Rolemaster.

Espero que resulte. Ya veremos.

viernes, septiembre 17, 2010

Me han regalado un teléfono...

... de estos que ahora tiene todo el mundo. En realidad es más un pequeño ordenador de bolsillo que un teléfono. El modelo es un Samsung Onyx, cortesía de Vodafone a cambio de otros 18 meses de permanencia. Como no he tenido ningún problema con ellos, y eso mucho decir en los tiempos que corren, les dije que vale, que me lo mandaran, y ayer fui a buscarlo a la empresa de mensajería. El artefacto tiene buena pinta y trae cantidad de pijadas, aparte de algunas funcionalidades interesantes tales como el Wifi y el GPS. Como yo de momento estoy contento con el terminal que tengo le he regalado el nuevo a mi dama, y ahora ella está en el sofá intentando hacerse con él.

Es impresionante el nivel de consumo y consumismo al que hemos llegado. En serio, no deja de sorprenderme. Los artículos son cada vez más perecederos y estamos permitiendo que se pierdan las costumbres de mantener y arreglar lo que tenemos. Tengo tres terminales móviles en mi casa que funcionan perfectamente, aparte del que uso actualmente. ¿Y por qué? Pues porque estoy tan abducido como el resto y me gustan las piedrecitas de colores como al que más.

En fin...

Un viejo maestro Shaolin me dijo una vez...

... que si aquel que tiene que ir temprano por la mañana al trabajo decide salir la noche anterior a un local del ramo con un amigo a consumir un notable número de bebidas fermentadas, levantarse a la mañana siguiente va a ser duro.

Un sabio, el maestro. Sabía de lo que hablaba.

Una de las señales que amablemente te va dejando la vida para recordarte que ya no eres joven es precisamente lo duro que resulta levantarse en las situaciones como la descrita tan sabiamente por el maestro. Cada vez es más duro. Quién me ha visto y quién me ve, que en ocasiones los compañeros y yo nos hemos ido al curro directamente sin dormir nada y allí bregando como unos titanes, de empalmada, como debe de ser. Claro que hace ya muchas lunas de eso.

Pero me da igual, que me quiten lo "bailao".
Gracias por el excelente rato, amigo mío. Eres el mejor.

Parada en el camino

Y... ¿Hacia dónde queremos ir?
A fin de cuentas ésta es una de las preguntas importantes.

Hacerse esta pregunta es incómodo porque implica colocarse en un lugar en el mundo; y los lugares que ocupamos habitualmente son incómodos.

Luego de la pregunta viene la consabida mirada atrás y, con un poco de suerte, la visión cristalina de las decisiones que nos han llevado hasta el momento presente. No las decisiones banales que tomamos todos los días, sino los puntos de inflexión, las encrucijadas, los momentos que cambian la película. Y, por supuesto, los aciertos y los errores.

Al hacer este ejercicio debo tener en cuenta varios puntos importantes:

- Nunca sabré a dónde me habrían llevado la miríada de caminos que no tomé, así que no merece la pena preguntarse sobre ellos.
- No tienen más méritos mis aciertos que mis errores, porque ambos son lo que son, decisiones en momentos importantes. Y ambos tienen el valor que tuve yo.
- Sea cual sea el camino andado, el camino futuro es incertidumbre.

Hecho esto me repito la pregunta, pero ya más compleja y con más trasfondo. Dentro del "Hacia dónde quiero ir" ahora va implícito el "a dónde puedo ir" y el "qué estoy dispuesto a hacer para llegar hasta allí". Son preguntas aún más incómodas que la primera. Porque hay sitios a los que ya no podemos ir, sencillamente se nos ha pasado el momento; y porque, sea a donde sea donde escojamos dirigirnos, va a requerir un esfuerzo.

Cuando uno llega a la treintena y mira lo que ha hecho se da cuenta de varias cosas: la primera es que muchas tonterías se han quedado por el camino pero que las que quedan son más fuertes. La segunda es que todo aquello que se recuerda haber conseguido ha sido mediante esfuerzo y constancia y no mediante cualidades dormidas o latentes que finalmente salieron a la luz. No. Sigo teniendo un buen físico porque no he dejado de hacer ejercicio durante toda mi vida. Sigo siendo razonablemente culto porque no he dejado de leer ni de exponerme a corrientes nuevas de pensamiento. Sigo siendo razonablemente inteligente porque siempre creo que es posible serlo más y me esfuerzo por no apolillarme. Sin duda mi predisposición genética al ejercicio, mi curiosidad innata y mis dotes naturales han ayudado, pero ya no me llevo a engaño: ha sido la constancia la que ha dado sus frutos. La tercera es que el cambio no sólo no es algo ajeno sino que está a la distancia del grosor de una sombra, y que siempre hay que estar preparado para que, cuando llegue, no le pille a uno con el pie cambiado. La cuarta es... que uno ya no es joven, a pesar de los constantes esfuerzos por parte de la sociedad para alargar la juventud o la adolescencia. Yo ya no soy joven. Soy un adulto. Y ambos conceptos no son compatibles en mi cerebro.

Bien, es hora de caminar.
Adelante pues.